Un cambio sin precedentes en el Poder Judicial
El 1 de septiembre de 2025 marcó el inicio de una nueva era para el sistema judicial mexicano, con la entrada en funciones de 881 jueces y magistrados electos por voto popular, incluyendo a los nueve ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), quienes ahora serán seleccionados democráticamente. México se convierte así en el único país del mundo con todo su Poder Judicial electo por ciudadanía.
Un acto cargado de simbolismo y diversidad
En una ceremonia realizada en el Zócalo de la Ciudad de México, los nuevos ministros fueron investidos mediante rituales indígenas, incluyendo bastones de mando, con la presencia de Claudia Sheinbaum y líderes originarios. Hugo Aguilar, abogado mixe de Oaxaca, asumió la presidencia de la Corte, consolidando una representación indígena histórica.
¿Democratización o riesgo para la independencia judicial?
El gobierno ensalza este modelo como un acto de democratización y cercanía con la ciudadanía, argumentando que responde a demandas de transparencia y fin del clientelismo. Sin embargo, diversos sectores —abogados, académicos e instituciones internacionales— alertan sobre los riesgos. Temen la politización del Poder Judicial, la posible sumisión de jueces al Ejecutivo y la creciente influencia partidista en la rama judicial.

Un reloj judicial acelerado y cuestionado
La reforma reduce el número de ministros de 11 a 9, disminuye los mandatos de 15 a 12 años, crea nuevos organismos como el Órgano de Administración Judicial y el Tribunal de Disciplina Judicial, y establece juicios públicos en sesión plenaria. Estos cambios implican una transición acelerada que, aunque estructural, genera dudas sobre preparación técnica y legitimidad.
¿Por qué importa este cambio?
- Transforma profundamente la forma en que se imparte justicia, introduciendo votación ciudadana en lugar de nombramientos políticos tradicionales.
- Reconfigura el equilibrio de poderes, pues un judicial controlado por simpatizantes del partido gobernante podría debilitar su rol como contrapoder.
- Abre un capítulo de participación popular, con posibilidades de mayor control social sobre los magistrados y jueces.
- Actúa como símbolo político, reforzando la narrativa de la Cuarta Transformación sobre «reconciliar justicia con el pueblo».
México inicia una etapa histórica en la que la justicia deja de ser una elección administrativa y pasa a ser una decisión popular. Esta nueva era judicial se afianza con esperanza en transparencia, pero también levanta inquietudes sobre desafíos fundamentales en la independencia y profesionalismo del sistema. El verdadero test será en los próximos años, cuando se vean sus juicios y decisiones fundamentales.
