La célebre serie animada South Park regresó con estruendo en su temporada 27 para dar un golpe satírico directo a Donald Trump. En el episodio “Sermon on the ‘Mount” el expresidente es retratado con gracia brutal, provocación y un lenguaje visual irreverente que ha desatado tanto elogios como condenas.
Con casi seis millones de espectadores en sus primeros días al aire y convirtiéndose en el programa más comentado del momento, esta entrega demuestra que la serie sigue siendo capaz de generar impacto mediático y cultural.
Pero su relevancia va mucho más allá del chiste o la provocación: al atacar a una figura tan polarizante como Trump, la producción se convierte en un espejo del clima político-mediático actual, cuestionando poder, medios e impunidad.
Cuando la sátira se choca con el poder
Desde hace décadas, South Park ha sido un espacio donde “todo vale”, donde nadie —ni político ni celebridad— está exento de parodia. Sin embargo, en esta edición el blanco fue doble: Trump y la red global que lo respalda.
La relevancia del momento radica en que la serie no solo se burló del expresidente, sino que enlazó su burla a un contexto real de litigios, acuerdos millonarios y disputas entre grandes medios. Por ejemplo, los creadores firmaron recientemente un contrato de 1 500 millones de dólares con Paramount Global mientras la sátira arremetía contra cuestiones que involucraban a la empresa matriz.
Así, South Park transforma el humor gráfico en un acto de desafío cultural y mediático, elevando la burla a categoría de debate público.
“Sermon on the ‘Mount” y el festín de provocación
El episodio abre con un retrato grotesco y deliberadamente exagerado de Trump, incluyendo escenas donde aparece en la cama junto a Satanás o como protagonista de un “PSA” en el desierto donde camina desnudo, con un mensaje satírico sobre su genitalia y poder político.
La narrativa también incluye a Jesús entrando en las escuelas, la crítica a los medios de comunicación y al mismo tiempo una reflexión sobre la autocensura corporativa. Todo empaquetado con la irreverencia habitual de la serie.
El resultado fue un récord de audiencia: cerca de seis millones de personas en los primeros tres días, la cifra más alta para la serie en más de 25 años.
No faltaron las reacciones políticas: desde la Casa Blanca calificaron el episodio como un intento de atención desesperada, mientras la serie replicó con su estilo mordaz.
Curiosidades que hacen aún más jugosa la historia
- En el episodio se utilizó un “deepfake” de Trump caminando desnudo y hablando como parte de la sátira, una técnica que el propio show raramente había explotado tan visiblemente.
- A pesar de que los creadores de South Park habían declarado que tratarían de alejarse de la figura de Trump, la temporada 27 abrió con una de sus críticas más intensas al expresidente, lo que demuestra que “no hay reglas” cuando se trata de burlarse del poder.
- La producción del episodio llegó a generar tensiones internas con la cadena que lo emite, al punto de debatirse sobre autocensura y qué sí podía mostrarse, reflejando que incluso una comedia animada se enfrenta a fuerzas corporativas y políticas reales.

Impacto cultural, mediático y político
La relevancia de este episodio de South Park va más allá del entretenimiento: abre un debate sobre libertad de expresión, satira política y el papel de los medios en la construcción de poder.
Al hacerlo, la serie demuestra que el humor puede convertirse en una herramienta de cuestionamiento social y que los caricaturistas animados también pueden mover la aguja de lo público.
Para Trump y su base, la caricaturización es un llamado de atención. Para los espectadores, es una invitación a observar lo absurdo, a reírse del poder y a preguntarse qué tan grande es el espacio (o la ausencia de filtro) para la sátira en un mundo polarizado.
Cuando reír es también resistencia
Más allá de la provocación, la temporada 27 de South Park recuerda que la comedia no es escapismo: es espejo, es fuego, es provocación que genera conversación. Cuando un estandarte del entretenimiento se atreve a “ganarle por goleada” al poder político, lo hace porque el poder necesita ser cuestionado.
Este episodio no es solo un triunfo narrativo para la serie, sino un recordatorio de que nadie, ni incluso un expresidente, es intocable cuando los creadores deciden levantar la voz con sátira y valentía.
Y mientras el mundo observa, South Park sigue haciendo lo que mejor sabe: decir lo que los demás evitan, usando la risa como herramienta de verdad.
